Se
estima que cada año llegan a nuestro planeta entre 40.000 y 80.000 toneladas de partículas sólidas. Estas, que reciben el nombre de
meteoroides, son en su mayoría fragmentos desprendidos de
asteroides y cometas que orbitan alrededor del Sol y que, al
cruzarse con la órbita de la Tierra, impactan con nuestra atmósfera a
velocidades comprendidas entre 12 y 72 km/s. En estas condiciones el
rozamiento que se produce con el aire eleva bruscamente la
temperatura del meteoroide, de forma que tanto las moléculas que
forman parte del sólido como las moléculas del aire que chocan
contra él emiten energía, observándose entonces una estela luminosa
que recibe el nombre de meteoro (o, en el lenguaje coloquial,
estrella fugaz). La atmósfera terrestre actúa como un escudo
muy eficaz que, en la gran mayoría de los casos, destruye a estos
meteoroides a gran altitud. Pero en ocasiones, si el meteoroide es
lo suficientemente grande y resistente y consigue sobrevivir a su paso por la
atmósfera, éste impacta contra el suelo en forma de meteorito.
La
Red de Bólidos y Meteoros del Suroeste de Europa (SWEMN por
sus siglas en inglés) es un proyecto que analiza el fenómeno
meteórico, abordándolo desde múltiples direcciones. Así, el estudio
de los meteoroides, meteoros y meteoritos se lleva a cabo tanto
desde el punto de vista astrofísico como desde el punto de vista
químico. Gracias a ello se pueden obtener datos importantes sobre,
por ejemplo, la procedencia, la órbita y el comportamiento en la
atmósfera terrestre de estos materiales. Y, al mismo tiempo, es
posible obtener información fundamental sobre su composición
química.
El análisis y estudio multidisciplinar de los meteoroides y de los
fenómenos a los que éstos dan lugar
tiene una gran
importancia tanto a nivel tecnológico como desde el punto de vista
científico, constituyendo un área muy activa dentro de las Ciencias
del Espacio. Así, por ejemplo, estas partículas juegan un papel fundamental de cara a la
seguridad de
las misiones espaciales y de la operatividad de los satélites
artificiales. También proporcionan valiosas claves sobre los
mecanismos químicos que condujeron a
aparición de la vida en nuestro planeta, dado que se piensa
que los meteoroides aportaron parte de
las moléculas necesarias para que ésta pudiese surgir. Por
otra parte, el análisis de los meteoroides también permite
establecer qué condiciones fisicoquímicas existían en la nube de
material a partir de la cual se formó nuestro
Sistema Solar, facilitando así la comprensión de los procesos
que tuvieron lugar en las primeras fases de
su evolución. Además,
otra razón importante para el estudio de los meteoroides
es que estas partículas proporcionan información directa sobre la composición y naturaleza
de los cuerpos (asteroides y cometas, fundamentalmente) de los que proceden. En muchos casos estos análisis
pueden efectuarse mediante sistemas situados en tierra, sin
necesidad de emplear, por tanto, equipos mucho más costosos a bordo
de sondas espaciales.
Para realizar los estudios mencionados
anteriormente, desde el año 2006 se está desarrollando uno de los
proyectos fundamentales que se llevan a cabo en el marco de la red
SWEMN. Se trata del
proyecto SMART (Spectroscopy of Meteoroids in the Atmosphere
by means of Robotic Technologies), liderado por el
Profesor José
María Madiedo. En el proyecto SMART participan también
instituciones como el Observatorio de Calar Alto (CAHA), El
Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), la Fundación
AstroHita y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).
Además,
los datos obtenidos por los sistemas de la red SWEMN juegan también
un papel clave en el
proyecto MIDAS. El
objetivo fundamental de MIDAS es detectar y analizar impactos de
rocas contra la Luna mediante una red de telescopios que operan en
diversos puntos de España. Los datos proporcionados por la red SWEMN
permiten determinar de dónde proceden dichas rocas.
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